“5”
Exposición de José Miguel Rojas. Galería Roberto Sasso, Universidad Veritas. 6 de abril 2011.
Otto Apuy
25 de marzo,2011
Nuestro contexto es un acontecer de irradiaciones de imágenes a nuestro cerebro. La manera en que percibimos -el gran público- las referencias artísticas a nuestro conocimiento, y lo que manejan los grandes medios de comunicación con sus mensajes iconográficos, es lo que nutre nuestra percepción visual y auditiva y el resto de nuestros sentidos. La cultura está en todos lados, sin saber mirar y razonar acerca de ello, la asumimos y nos impone una lectura confabulatoria: la manera en que vemos la vida no es impuesta por la memoria. Los que han vivido de este fenómeno muy conocido como “apropiaciones”, son los artistas contemporáneos, hasta podría hablarse de una permanente “muy visible” en las artes plásticas. En el arte contemporáneo de nuestro país, las formas exploratorias intentan recordarnos algo en nuestro interior, y juegan a que podamos descubrirlas. Quizá hasta en el sencillo “decir sí” frente a algo que razonas y encuentras que te produce una connotación.
“5” Cinco es un número que me gusta, es un pentagrama, son los dedos de la mano, es esotérico, vínculante del individuo con la diversidad, puente de unidad de lo divino y corpóreo. Es una quintaesencia entre los alquimistas. Pero esta muestra de José Miguel Rojas en la Universidad Véritas, no se trata especialmente de un número.
Hace muchos años que José Miguel acude al vasto conocimiento de la figuración total, iconográfica-fotográfica como un estilo propiamente. Creo que con Velásquez empezó la cosa. Existe una interlectura entre las imágenes venidas del cine y la literatura, de los supermercados y de los tugurios y de esa subyugante videoteca de la internet y los museos que están en la red. Subyace en este artista un lenguaje confabulatorio, como hicieron ciertos poetas neo-surrealistas. Muchas veces creemos que los artistas inventan para no acordarse de ellos. Este lenguaje, a flor de piel, lo que hace es recuperarse, sin temor a verse en el espejo. ¿Cómo entrarle a una pintura que tiene la intención de establecer un diálogo?. Conocer al artista es una respuesta inmediata. Tiene una trayectoria extraordinaria en la curaduría museística. Vive la información y el trabajo de recuperarla sobre el arte universal y local. Muy reconocido y miembro del grupo Bocaracá. Por eso no es sorprendente que su obra esté vinculada -como un puente- con el conocimiento, con lo intelectual, con la poesía por su síntesis, si se sabe experimentar como aflora su praxis artística.
Las pinturas
Soledad, te siento. Te está mirando aunque no estés allí. La ausencia de otros elementos compositivos le dan una gran rigidez al cuadro. Eso posibilita la capacidad emocional y su necesidad de interpelar o establecer el diálogo con el espectador. Colores mínimos y una luz que puede ser del día o de la noche. Es un comienzo o un final. De pronto me doy cuenta que el verdadero cuadro que está en la cabeza del personaje, es el que está viendo. Como si se desdoblara y se tomara una foto inventada por él.
En la cama. Pintura 2. una secuencia que viene desde atrás-según el autor-. Existe un curioso sobre-plano, una perspectiva que la hace el color y nuestra óptica. Si se ve dos veces, los planos del cuerpo arrecostado quizá no coinciden o encajan, eso es porque procuran elevar el movimiento contra cierta lógica. Los trazos de atrás remiten a una cortina y a un espacio exterior que parece la noche. ¿Qué es lo que ella tiene atrapado y abrazado?
En el baño. El cuadro dentro del cuadro, la abstracción y la figuración como una forma inofensiva porque está detenida. El apelar a la fotografía, el recuento del día, quizá venía de nadar y aún tenía los anteojos, y también por qué no, un libro invisible sobre la ausencia. El escenario podría ser una caída de agua azul al lado suyo. Los planos, -¡ah los planos!- los que se entrecruzan formando la geometría que persiste en nuestra retina. La pintura te cuestiona, se te aparece como una incógnita.
Y la amo. Es un estudio de la multiplicidad del autor. Es un emblema y una referencia a las distintas series de su obra. Connotaciones muy difundidas que venían de una fotografía. Esta imagen está poseída en nuestra retina. Es la excelencia de una imagen que ha dejado de ser ella, pero inútil ante la memoria que la hace permanecer. Esta pintura conforma un lenguaje que rompe con anteriores expresiones, es la supuesta disimilitud del modelo. La presencia se ha apoderado de un cuerpo. La movie star no es la materia, es el autor médium, es el objeto del lenguaje extraviado, “l´object perdue”.
Ella está sola. Pintura 5. La plástica es una iconografía perpetua. La mirada hacia la sensualidad ha tentado a los artistas; la belleza está más allá de lo que hemos percibido como una foto famosa. Es el complemento de cinco aproximaciones a un largo abanico de pinturas de José Miguel Rojas, de pinturas flashes de nuestro reciente pasado iconográfico y algo que no pueden transmitir las imágenes, hay que ver el original para ir más allá de la fotografía.
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